Los amigas de Angy

En agradecimiento al patrocinio de la web por parte de Angy Casas, que menos que volver a hablar de él y en esta ocasión sus amistades. No sabemos en qué estará el secreto, si será el café, las demacres, etcétera. Pero este pive tiene unas amistades con pinta de muy aconsejables:

  • Luisa. Con pinta de sudamericana pero con un arte de atarse las esparteñas rodeándose las piernas y meterse en unos minipantalones como nadie!

  • Asun, La. De tipo palo-escoba pero con buen depilado. Incorpora de serie el lunar morboso y además es ligera como una pluma, ideal para el contacto cuerpo a cuerpo en las situaciones más extremas.

  • Mayte. Tras una loca noche de lujuria en el descapotable observando las estrellas mientras seguramente la empujaban, fue fotografiada con morritos y junto a la bolsa en la que presumiblemente llevará una falda o pantalón decente con la que si que la dejen salir sus padres de casa.

  • CaRoL. Parece que fuera pelirroja chillona de nacimiento, con sujetador realza brevas de serie, que causa furor en las salidas nocturnas cuando se adorna con purpurina y el calor de la noche comienza a hacer chorrear un sudor formando un canalillo.

  • Veronica, la bonica. Parece que aguardarse en su cama la llegada de algo… Aún le queda por aprender a enseñar el canalillo en las fotos.

  • Raquel. Como pasiones personales y profesionales dice: “coleccionar polvos”. Vamos, que con eso y sus fotos, aunque muestra muy buenas maneras de llevar tacones, es una guarra. Pero al menos lo reconoce, que es el primer paso.

  • Barbara. No se puede tener un nombre más atractivo y salvaje que ese, ni una piel ni unas ganas de marcha como ella.

¿Qué les dará Angy?

Las otras caras del verano del amor

Por el tiempo en el que la muchachada británica se deshacía bailando en los veranos del amor, otro tipo de muchachada más infante perdía parte de la inocencia tras un televisor. Hablamos de aquellos tiempos en los que personajes de la industria musical como la italianisima Sabrina o Samantha Fox (Samantha Zorra, en español) se hicieron famosas, y con ellas sus tetas. Que eran la parte realmente importante de sus actuaciones y videoclips.

 

 

No tengo la suficiente perspectiva como para saber si fueron las primeras ‘artistas’ musicales que se hicieron famosas más por enseñar carne que por lo que cantaban. Imagino que no, porque zorras con microfonos cerca de la boca siempre han existido: sin ir más lejos los primeros años de Madonna. Pero estas chicas si que marcaron una tendencia que se ha extendido a lo largo y ancho del planeta. El viejo mito de que para ser cantante hay que cantar bien se rompió, para ser cantante hay que tener unas mamellas de impresión y poner caritas de zorra.


 

 

Para mi existía un tridente mágico: Cicciolina, Samanta Fox y Sabrina. Era el sumum del pseudopornerio en forma de cantantes. Cicciolina tenía una belleza mística, su piel blanca y su cabello rubio y largo recordaba a un personaje de la mitología celta (duendes, hadas, y ese tipo de seres). Samanta Fox era muy guapa. Tenía carita de muñeca, un cuerpo mono y era bastante puta. Es la novia de Verano ideal para cualquiera. Y Sabrina estaba buena. De cara no estaba mal pero tenía un par de tetas en las que uno podía veranear si quería. ¡Qué artistazas!

 

Por esos años también se hizo paso la televisión privada en este país, y entre esos nuevos canales esta Telecinco. La versión italiana de la tv que el tito Berlusconi tiene en el país de la bota. Telecinco nos abrió los ojos a un nuevo concepto televisivo: antes la tv era información y entretenimiento. Ahora simplemente era porno y deportes. No emitían pelis porno, pero poco les faltaba. Formatos como aquel de las Mamachicho (un grupo de vedettes zorrones narrándoles a su madre en forma de canción que un tal Chicho las toca cada vez más y más) y ¡Ay que calor! El cual hizo famosas (por llamarlo de alguna forma) a las chicas Chin Chin, otro capazo de putas vestidas con bañadores de colores, que se destetaban a la mínima y su principal objetivo era crear conflicto en los matrimonios, concretamente cuando la mujer amenazaba al marido con cortarles los huevos si seguía viendo la tele.

 

La Huella del Calcetin