Al pin pin, a la vasca… Pero ya no se hace el bacalao como antes, al bakalao discotequero, el de la ruta, alias ruta destroyer. Ahora las michubichis y los conejos se han vuelto cosa de los pijos, y amanecer en un after wours de esos, un después-de-horas, es de modernos y no de buenos fiesteros de la demacre nocturna.
Esta gente estaba hecha de otra madera.
Uno, que no pare ninguno. Ojo a los máquinas que van en el autobús de camino y ya se creen que han llegado a la Chocolate, y eso que ya les dijo el jefe que no se metieran el medio penco ya en el autobús. También al Emilio, el hardvañil, que con esos pelos no se sabe si es para esconderse las rulas, se cree mujer o que lo hace para intentar despistar al cámara de como se guarda el fardo escondido en un pañuelo bajo la camisa de anca los moros, aunque él quiera dar a entender que se trata de secar el rezume der sobaco con el pañuelo. También a los que se revuelcan en la hierba, que no tienen ganas ya ni de acabar de echarle unos cuantos polvos a la jamelga que tienen con ellos, la salia del grupo. También a Clemente, el de la picha en la frente, el gerente, el que controla que si alguno se cae redondo al suelo lo saquen corriendo para no dar demasiada mala imagen a la disco, que los clientes tengan confianza en que la droga que allí se pasa es buena y va bien cortada.
Óscar no tiene precio, parece el comandante de los gijoes esos, con su traje de camuflaje y sus grandes conocimientos adquiridos como portero de Pont Aeri. Detalle de los calcetines blancos que le salen de las botas, ¿llevará calcetas?
Además salen unos haciendo creaciones para la gran demacre que iba a tener lugar ese fin de semana, ellos son el diyei y su compadre el jaker del 286.